
Los últimos datos publicados sobre la economía de la provincia de Málaga confirman que, a pesar de las turbulencias geopolíticas globales, Málaga mantiene una velocidad de crucero superior a la media nacional en creación de empresas y consumo, aunque se enfrenta al reto persistente de una inflación ligeramente más tensionada que la del resto del país.
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El dinamismo de una provincia se puede medir por su capacidad de generación de empleo y empresas. En este sentido, 2025 fue un año de hitos para la provincia, ya que se constituyeron 8.012 nuevas sociedades mercantiles, lo que supone un crecimiento del 6,2% respecto al ejercicio anterior. Esta cifra no es meramente estadística, si no que refleja la solida confianza del capital en el ecosistema provincial.
En el arranque de 2026 la tendencia se mantiene. Enero registró la creación de 697 empresas (+0,7% interanual). Si bien es un crecimiento moderado, adquiere relevancia al compararlo con el descenso del -2,7% sufrido en enero de 2025. Málaga ha logrado blindarse como el tercer nodo económico de España, solo por detrás de gigantes como Madrid y Barcelona, una posición que mantiene inamovible tanto en los datos acumulados de 2025 como en los prolegómenos de 2026.
El mercado de la automoción, tradicional indicador adelantado del ciclo económico, refuerza la tesis del optimismo. El año 2025 cerró con 63.526 matriculaciones en la provincia, un incremento del 16,4%.
Lo más reseñable de este indicador es su equilibrio: tanto las familias (personas físicas) como las empresas (personas jurídicas) están invirtiendo. En enero de 2026, las matriculaciones crecieron un 9,3%, con un comportamiento casi simétrico entre ambos segmentos. Este dato sugiere que la renta disponible de los hogares malagueños y la capacidad de inversión de sus empresas mantienen una solidez notable frente a la incertidumbre.
Respecto al sector exterior, el valor de las exportaciones alcanzó los 3.450 millones de euros en 2025, un 5,4% más que en el periodo anterior. Málaga sigue mirando al exterior, principalmente a través de su potente sector agroalimentario.
Aunque el sector de aceites y grasas sufrió una contracción en valor del -22,4%, atribuible a la volatilidad de precios y factores climáticos, el dinamismo de las frutas (+11,2%) y el auge de productos con valor añadido, como los aceites esenciales para perfumería, han equilibrado la balanza. Portugal, Italia y Francia se consolidan como los socios estratégicos indispensables para el tejido productivo rural y tecnológico de la provincia.
No obstante, este crecimiento tiene un peaje: la inflación. En febrero de 2026, el IPC en Málaga se situó en el 2,6%, tres décimas por encima de la media nacional (2,3%).
La presión proviene actualmente principalmente del sector servicios. Los «Restaurantes y servicios de alojamiento» lideran las subidas con un 4,5%, reflejo de una demanda turística y residencial que empuja los precios al alza. Por el contrario, la moderación en los costes de la vivienda y suministros energéticos (-0,8% mensual) en el comienzo del año actúa como el único contrapeso significativo en una cesta de la compra que sigue encareciéndose por encima del promedio español, a la espera del efecto que sin duda tendrá el actual conflicto en Oriente Medio en el conjunto de bienes y servicios.


