
Tras un 2024 de fuerte crecimiento, la constitución de sociedades mercantiles registra una notable contracción en el inicio de 2025, reflejando la incertidumbre global. La provincia, un pilar en la creación de empresas a nivel nacional, muestra señales de moderación.
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El fuerte dinamismo que ha caracterizado el tejido empresarial malagueño desde el final de la crisis sanitaria muestra ahora claras señales de moderación. Durante los primeros meses de 2025, la creación de nuevas sociedades mercantiles ha experimentado una contracción significativa, arrojando una sombra de cautela sobre las perspectivas económicas a corto plazo. El último dato disponible, correspondiente al mes de abril, confirma esta tendencia con un descenso interanual del -25,3%, hasta las 639 nuevas empresas, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Este enfriamiento reciente contrasta marcadamente con el desempeño observado en el pasado reciente. El año 2024 se cerró para la provincia de Málaga con un balance robusto: la creación de 7.541 nuevas sociedades, lo que supuso un incremento del 6,4% respecto a 2023 y consolidó la trayectoria de crecimiento post-pandemia. Sin embargo, el panorama en 2025 es distinto. Con el de abril, ya son tres los meses que han registrado una evolución interanual negativa. En el cómputo acumulado del año, entre enero y abril se han constituido 2.536 sociedades, un -9,6% menos que en el mismo periodo del ejercicio anterior.
En el contexto nacional, Málaga conserva su posición como uno de los principales motores económicos de España. Durante 2024, la provincia se afianzó como el tercer polo de creación empresarial del país, únicamente superada por los gigantes demográficos y económicos de Madrid y Barcelona. Esta destacada posición se ha mantenido en el acumulado de 2025. No obstante, el dato específico de abril introduce un matiz relevante: con 639 nuevas firmas, Málaga descendió al cuarto puesto del ranking mensual, viéndose superada por Valencia (704), además de Barcelona (1.961) y Madrid (2.784).
En definitiva, el panorama presenta una dualidad. Por un lado, la fortaleza estructural del tejido empresarial malagueño es innegable, consolidado como un centro de dinamismo de referencia en España. Por otro, los indicadores más recientes apuntan a un cambio de tono. La contracción en la creación de empresas, enmarcada en un clima de incertidumbre geopolítica y económica a nivel global, sugiere una necesaria cautela en el análisis de la coyuntura. Aunque la posición de Málaga sigue siendo prominente, los datos de los últimos meses introducen un elemento de moderación en las perspectivas de crecimiento, en un entorno cada vez más volátil.


