
El análisis del Índice de Precios de Consumo (IPC) de noviembre en la provincia arroja una lectura de luces y sombras. Si bien la variación mensual sugiere un respiro en ciertos sectores, la perspectiva temporal más amplia confirma una resistencia inflacionista que erosiona el poder adquisitivo de los hogares malagueños.
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En el corto plazo, los datos respetan el guion climático y turístico, con el grupo de «Vestido y calzado» repuntando un 0,9% y señalizando la temporada de otoño-invierno. Paralelamente, la «Sanidad» se encarece un 0,6%, un dato preocupante por afectar a un servicio esencial de demanda poco elástica.
Como contrapeso, el fin de la temporada alta provoca una corrección técnica en los precios del sector servicios: «Ocio y cultura» cae un 1,1% y «Restaurantes y hoteles» un 0,8%. Esta bajada mensual maquilla el índice general, pero beneficia más a la competitividad del destino turístico que a la economía doméstica del residente.
De hecho, el dato mensual no debe distraer de la realidad estructural, ya que la tasa interanual en Málaga se ha situado en un 3,2% en noviembre. Esto significa que, independientemente de que ciertos servicios sean más baratos hoy que hace un año, la cesta del supermercado cuesta casi tres puntos porcentuales más que en noviembre del año pasado.


